AUTOBIOGRAFÍA
Mi
nombre es Rocio Yanet Bahena Delgado, nací el 24 de mayo del año 2000 en un
poblado a las orillas de Iguala de la Independencia: Tomatal, Gro., mismo lugar
en donde resido actualmente con mis padres Julián Bahena Evangelista, quien es taxista,
y Guillermina Delgado Contreras, quien es ama de casa. Tengo dos hermanos;
Julio César Bahena Delgado de 10 años de edad y Nancy Jacqueline Bahena Delgado
de 24 años de edad, quien junto con su esposo Ángel Diaz Castrejón tienen un
hijo de 2 años llamado Ángel Alexander Diaz Castrejón. Somos católicos, por lo
que a los pocos meses de nacida mi familia celebró mi bautismo.
Fui
criada por mi madre desde el primer día en que me tuvo en sus brazos hasta la
edad de 3 años que comencé mis estudios en el preescolar Jardín de Niños
Alborada Feliz ubicado en El Tomatal, Gro. Mi educación inicial fue lo
suficientemente satisfactoria como para cimentar las bases de mi conocimiento,
y esto se vio reflejado en las buenas reseñas de todas y cada una de mis educadoras,
además de ser una de las integrantes de la escolta oficial de la institución.
Pero muy a pesar de lo educativo, en esta etapa de mi vida que puede parecer
inocente y pasajera, conocí a una de las personas que me acompañaría por mucho más
tiempo; mi mejor amiga Paola Rezas Sandoval. Otro recuerdo más que tengo del
preescolar es mi fiesta de presentación que mis padres con esfuerzo y emoción
me celebraron cuando tenía 5 años de edad, feliz corría por el patio de mi casa
con mi vestido pomposo a recibir mis regalos.
Al
culminar mi educación preescolar ingresé a la primaria Ignacio Manuel
Altamirano ubicada en el mismo poblado, puedo recordar grandes experiencias que
mis profesores de grado me enseñaron, por ejemplo: que todo gran esfuerzo tiene
una recompensa, a admirar lo bueno de la vida y sobre todo a ver la gran
persona que soy y lo lejos que me podía llevar mi potencial como estudiante.
Fue sin duda una de mis mejores etapas de la vida, todo era risa y felicidad.
Mi desempeño académico mejoro aún más que en el preescolar, mis notas eran casi
excelentes y como resultado de esto fui nombrada abanderada de la escolta
oficial. En los deportes definitivamente nunca fui buena, en este momento de mi
vida fui integrante de un equipo de básquetbol, del cual al poco tiempo me
retiré por lo complicado que se me hacía por mi estado físico. cuando tenia proximadamente 10 años, mi padre sufrió un accidente automovilístico que mantuvo a toda la familia muy reducida de dinero, afortunadamente al cabo de un año todo se estabilizó.
Cuando
estaba próxima a egresar de la primaria, mis padres me dieron la opción de
continuar mis estudios en una telesecundaria ubicada en el pueblo o salir de mi
zona de confort y estudiar en Iguala de la Independencia, más que una decisión
fue una aventura en la que decidí aventurarme, por lo que opte por ingresar a la escuela
secundaria Jaime Torres Bodet, fue una etapa difícil de mi vida porque me costó
bastante trabajo adaptarme al ambiente que se percibía: los jóvenes tenían un
comportamiento muy alocado, no ponían empeño a la clase, hablaban con
disparates, etc. Jamás había visto algo igual, 12 años de mi vida había sido
una niña pueblerina que convivía solamente con más niñas pueblerinas.
Afortunadamente mi desempeño académico no se vio afectado o influenciado por el
cambio de ambiente, y continué siendo una buena alumna reflejándose como
siempre, formé parte de la escolta oficial de la secundaria, llenando de
orgullo a mis padres por valorar el esfuerzo que hacían al mantener mis
estudios y los de mi hermana, quien en ese entonces estudiaba la preparatoria
en Conalep con especialidad en enfermería.
Con 15
años de edad ingresé a la preparatoria José Vasconcelos, ya estaba acostumbrada
a como era la vida fuera de casa por lo que el cambio no fue drástico. Algo más
que ocurrió cuando tenía esa edad fue conocer a Bogar González, un hombre que
hasta la fecha está a mi lado.
La
preparatoria, ese momento en donde todo comienza a tomarse más serio para los
jóvenes estudiantes. Yo no fui la excepción, las preguntas sobre mi futuro
profesional se hacían presentes: ¿Qué es lo que quiero ser?, una decisión
difícil de tomar, pero no imposible. En este nivel escolar mi desempeño fue
triplicado y todo por obtener un excelente promedio para no tener problemas al
ingresar a cualquier universidad que quisiera escoger para poder continuar con
mis estudios. Hasta segundo año de preparatoria mi esfuerzo no había sido
suficiente por lo que al pasar al tercer año no fui una de las seleccionadas
para formar parte de la escolta oficial, así que mi propósito ahora era
graduarme con honores. Y así fue como sucedió, obtuve el primer lugar en
aprovechamiento académico de toda mi generación. La satisfacción que sentía en
ese momento era incomparable.
Claramente
al concluir mis estudios de bachillerato ya tenía destinado un lugar a donde
ir, ese lugar es el Centro Regional de Educación Normal, en donde me encuentro
estudiando la licenciatura en Educación Preescolar, pertenezco a la generación
2018~2022. Con gran entusiasmo asisto todos los días a aprender para poder
enseñar, estoy segura de la decisión que tomé y del camino que apenas comienzo
a recorrer porque el CREN me ha puesto a prueba mandándome a visitas de
observación e intervención docente en donde definitivamente compruebo que estoy
en lo correcto, que esto es lo que quiero hacer por el resto de mi vida. Confió
plenamente en que al concluir mi carrera universitaria sabré aprovechar las
oportunidades que se me presenten para poder ejercer la profesión y demostrar
de lo que, como maestra, soy capaz.

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