ESCALONES DE VIDA
Toda
mi vida he estado sola, hubiera preferido crecer en la calle como un perro en
vez de estar en este lugar como esclava, mis manos ya parecen a las de un
campesino, todas partidas y secas. Lo único bueno de este lugar, es que nos dan
estudio hasta la secundaria y, además, nos enseñan un oficio para que el día en
que cumplamos la mayoría de edad podamos salir, vivir y podernos pagar la vida.
A partir de los 15 años nos llevan a trabajar a un taller en donde podemos practicar
todo lo aprendido, ahí solo nos pagan $10 pesos por día, el resto de nuestro
salario se lo queda el orfanato; nunca supimos cuánto era realmente lo que ganábamos.
Justamente hoy cumplo los 18 años de edad y las dueñas del orfanato lo saben
porque cuando me dejaron en la puerta de la casa yo traía en la mano un papel que
decía: “La bebé se llama Lucero, nació el 10 de abril de 1985, por favor
cuídenla porque yo no puedo hacerlo”. Por cierto, me llamo Lucero, pero no soy
brillante como las que están en los cielos.
Sin más
que decir en punto de las 7:00 de la mañana Laura y Petra, encargadas de los
jóvenes de mi edad, entraron a las alcobas para avisarme que ya estaba toda mi
documentación lista para poder irme. La poca ropa que tenía ya estaba acomodada
en una caja, yo nerviosa por salir sin saber a dónde ir, cruce la puerta. A las
8: 00 de la mañana ya estaba vagando por las calles. Las tripas me chillaban
como ratas de coladera, me echaron del orfanato sin desayuno. No quería gastar
los pocos centavos que me acompañaban, así que me amarré el estómago y seguí
caminando. Pasé por varios puestos solicitando empleo, pero nadie se atrevía a
contratarme. Al caer la noche llegué a unos cuartos que ya desde hace unos
meses había investigado para poder alquilar alguno y tener un techo en donde
dormir, la renta no era muy cara y es que el lugar tampoco era lujoso, pero eso
no me importaba, lo único que quería era un futuro digno y estaba segura de que
lo iba a conseguir.
Los
días pasaron y yo seguía sin empleo, hasta que en alguna ocasión llegué a una
tienda departamental y encontré uno de limpia pisos, no me pagaban mucho pero
ya no podía seguir un día mas sin trabajo así que acepté.
Todo
parecía marchar bien en mi vida, ganaba dinero honradamente y tenia un lugar en
donde dormir, además, ¡el gerente de la tienda me pretendía!, me decía cosas muy
lindas y me hacía sentir como la mujer más bella del planeta y por si fuera
poco quería subirme el sueldo. Conforme el tiempo pasaba, él se acercaba más y
más a mí, me acariciaba el cabello, las mejillas y me daba pequeños besos cerca
de los labios, tal pareciera que estaba viviendo un cuento de hadas.
Una noche
la tienda cerró tarde y me tuve que quedar hasta esa hora para poder terminar
de trapear los pisos y limpiar la mercancía. Lauro, el gerente, amablemente se quedó
a esperarme, me dijo que no podía permitir que una señorita tan linda caminara
por la calle tan noche. Me apresuré a terminar mis deberes para no hacer
esperar tanto a mi querido pretendiente. Al finalizar me invitó a cenar a su
departamento. Para llegar hasta ahí, me subí a lo más cercano que pudiera parecer
una carroza mágica.
- - ¡Caray!,
que lindo auto tienes, yo nunca me había subido a un carro como este, siempre
ando de aquí para allá, pero en autobús. – dije.
- - Todo
lo que es mío puede ser tuyo si tu así lo quieres. – dijo Lauro.
Durante
todo el camino mantuvimos una charla casual muy interesante, conocí un poco mas
de él, pero yo no me atreví a contarle mi vergonzoso pasado, solamente le dije
que era huérfana y que con esfuerzo me mantenía en esta vida. Por supuesto que él
quería saber más, pero me mantuve firme y al parecer el entendió que no quería
hablar mas sobre el tema, así que cambiamos la platica y seguimos hasta llegar
a su departamento, el cual se encontraba en una de las avenidas mas lujosas de
la ciudad.
Cuando
anduve en busca de trabajo, pasé por ahí solicitando puesto de sirvienta, pero
nadie necesitaba de una. Y ahora mírenme, paseándome en el carro de uno de los
dueños de esas casotas, entrando como la posible señora de Bustamante, esposa
de Lauro Bustamante. Por dentro todo en mi se revolvía, pero contuve mi emoción
para que aquel hombre no se diera cuenta de que en gran parte estaba con él por
su dinero, no dudé del amor que sentía hacía él, pero era inevitable pensar en
la posibilidad de poder salir de la pobreza en la que vivía gracias a un
romance con un hombre rico. Así que, si lograba darle hijos, de inmediato me
pediría que me casase con él. Todo lo tenía planeado, y hasta este momento todo
iba marchando a la perfección.
Cuando
entramos al departamento, ¡WOW!, quedé impactada por todos los lujos y
comodidades que había, jamás imaginé que un día un hombre con dinero se fijara
en mí. Después de cenar, Lauro me enseñó su casa e hizo que la sintiera como si
fuera mía también. Me mostró la cocina, el baño, el patio, la hermosa vista y
finalmente su habitación, ya se imaginarán que fue lo que sucedió ahí. Ya tenía
unas copas de más encima y jamás había ingerido alcohol, por lo que de inmediato
me sentí mareada y fue fácil entregarme a Lauro a pesar de haber sido mi
primera vez. No fue como lo soñado, pero estaba contenta de haber formalizado
con él. Al despertar el día siguiente ya eran las 9 de la mañana, era tardísimo
para llegar al trabajo, Lauro al verme preocupada me dijo:
- - No
temas cariño, que estar con el gerente de la tienda tienes sus ventajas.
Fui
ahí cuando me sentí más segura que nunca y sin dudarlo me volví a tender sobre
la cama. El primer mes de noviazgo fue maravilloso, aparentemente ambos
estábamos enamorados uno del otro, pero en el trabajo el hacía parecer otra
cosa; y una vez que nos topamos en almacén no dudé en preguntarle lo siguiente:
- - Lauro,
¿Por qué haces como si no me conocieras cuando nos topamos por los pasillos de
la tienda?
- - No
pienses mal cariño, aquí todos son muy metiches y no quiero que te llenen la cabeza de fantasías. Tu tranquila que nuestro amor en secreto esta a salvo.
Con
esto me quedé un poco mas calmada, tal vez él tenía razón. Además, no quería provocar
nuestra primera discusión de pareja, no quería arruinarlo.
Todos
los sábado y domingos dormía en su cama. Y al comenzar la semana todo era del
trabajo a mi casa y él igual, del trabajo a su casa. Para estar comunicados, me
regaló un teléfono celular, nos mensajeábamos casi todo el día, no me gustaba
preguntarle en donde estaba cuando tardaba horas en contestarme porque no
quería que sintiera que lo estaba vigilando o checando los horarios.
Mi
sueño estaba a punto de convertirse en una pesadilla.
Al
cabo de dos meses, mi cuerpo estaba experimentado una serie de cambios, tal
pareciera que estaba sufriendo de alguna enfermedad. Así que de inmediato fui a
checarme con un doctor. Valla sorpresa que me lleve, ¡estoy embarazada!, no sabía
cómo decírselo a Lauro, pero estaba convencida que por fin me pediría que
viviéramos juntos o nos casáramos por el bien de nuestro hijo. No quería esperara
demasiado tiempo para decírselo, así que ese mismo fin de semana, al terminar
de cenar en su departamento, le solté de golpe la noticia. La reacción fue muy distinta
a la que esperaba.
- - ¿Por
qué no te cuidaste? – dijo enojado Lauro.
- - ¿Por
qué hacerlo?, somos una pareja adulta y pensé que esto era lo que querías. - dije
yo un poco desconcertada.
- - ¡Eres
una tonta Lucero!, has echado a perder todo lo que teníamos.
- - ¡Pero
que cosas dices Lauro!
- - Lárgate
de mi casa, no quiero verte más.
- - No me
puedes hacer esto, ¡yo te amo y tú a mí!
- - Esas
son bobadas, yo en ningún momento dije que te amaba, o dime, ¿crees que un hombre como yo se podría fijar en alguien como tu para tener algo serio?
¡Mañana no te presentes a trabajar, estas despedida!
Avergonzada
y humillada salí corriendo sin mirar atrás. Claro me había quedado que el
dinero que me daba para pagar la renta, la ropa, zapatos y celular que me
compró solamente era una manera de pagarme por “lo feliz que lo hacía”. También
tenía claro que no se iba a hacer responsable de mi bebé, que por si fuera poco
me había dejado sin trabajo, sin ganas de vivir.
Varios
días estuve tumbada en la cama sin probar bocado, sin empleo, sin nada… De
repente todos los malos recuerdos de mi infancia vinieron a mí, lloré por
horas, había sido una tonta, confié en quien no debía y se aprovecharon de mí.
Algo
ya estaba bien decidido, no quería al bebé. Pero no tenía dinero suficiente
para pagar un aborto, y de ninguna manera pondría en riesgo mi vida tomando
algún medicamento o remedio casero para abortar. Así que lo mejor era esperar
mis nueve meses de embarazo, dejar que el bebé naciera y darlo en adopción.
El
periodo de gestación fue el tiempo mas largo de mi vida, además tuve que dejar
de trabajar al cumplir los 8 meses. Si no hubiera sido por mi amiga que hice en
el viejo empleo de la tienda, Sofía, quien al enterarse de mi romance con Lauro
y el desastroso rompimiento que tuvimos, de inmediato me buscó para brindarme
su apoyo y cuidarme durante el embarazo, estuviera hundida en depresión, en la
calle pidiendo limosna o incluso muerta. Aproveche este momento para estudiar
la preparatoria en un sistema abierto y en cuestión de un par de meses ya tenía mi
certificado de bachillerato.
El
parto fue lo más difícil, jamás había sentido un dolor que se igualara al de
ese momento. Pero valió la pena, al tener a mi bebé entre mis brazos me di
cuanta de la gran responsabilidad de la que ahora me pertenecía, además, el
amor que sentía por ella brotó de la nada y ya no quería separarme más de su frágil
cuerpecito. Fue inevitable pensar en mi madre, ella me abandonó y aunque no
conozco las razones del porque lo hizo se que no hay ninguna suficiente como
para poder justificarla. Quiero a mi niña, y no pienso darle el mismo destino
que mi madre me dio a mí. Se que el camino será todavía más difícil pero no
pienso detenerme. Lucharé con mi hija en brazos para poder salir adelante
juntas.
Ah, y el
desgraciado de Lauro nunca más me volvió a buscar, ahora me dice Sofía que
carga a un nuevo amor, a una tipa que supuestamente es de su mismo nivel
social, hasta creo que se van a casar, pero eso ya no me interesa. Si en un
futuro encuentro a un buen hombre que me quiera por lo que soy estaré encantada
de aceptarlo en mi vida, no tiene que tener mucho o poco, solo quererme a mí y
a mi pequeñita.
Que suerte
terminar por lo menos la preparatoria, gracias a eso, hace un par de semanas tuve una
entrevista de trabajo para cubrir el puesto de recepcionista. Y ya llevo tiempo
laborando en este lugar, seguido mi jefa me felicita por el esfuerzo que hago,
dice que si sigo así pronto me subirá de puesto. Que emocionada estoy, tal
parece que por fin dejaré de sufrir y la vida me recompensará por todos los
malos ratos que pasé.
A esta
pequeña parte de mi vida, la llamo felicidad.

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