miércoles, 26 de junio de 2019

NOVELA CORTA


ESCALONES DE VIDA


Toda mi vida he estado sola, hubiera preferido crecer en la calle como un perro en vez de estar en este lugar como esclava, mis manos ya parecen a las de un campesino, todas partidas y secas. Lo único bueno de este lugar, es que nos dan estudio hasta la secundaria y, además, nos enseñan un oficio para que el día en que cumplamos la mayoría de edad podamos salir, vivir y podernos pagar la vida. A partir de los 15 años nos llevan a trabajar a un taller en donde podemos practicar todo lo aprendido, ahí solo nos pagan $10 pesos por día, el resto de nuestro salario se lo queda el orfanato; nunca supimos cuánto era realmente lo que ganábamos. Justamente hoy cumplo los 18 años de edad y las dueñas del orfanato lo saben porque cuando me dejaron en la puerta de la casa yo traía en la mano un papel que decía: “La bebé se llama Lucero, nació el 10 de abril de 1985, por favor cuídenla porque yo no puedo hacerlo”. Por cierto, me llamo Lucero, pero no soy brillante como las que están en los cielos.

Sin más que decir en punto de las 7:00 de la mañana Laura y Petra, encargadas de los jóvenes de mi edad, entraron a las alcobas para avisarme que ya estaba toda mi documentación lista para poder irme. La poca ropa que tenía ya estaba acomodada en una caja, yo nerviosa por salir sin saber a dónde ir, cruce la puerta. A las 8: 00 de la mañana ya estaba vagando por las calles. Las tripas me chillaban como ratas de coladera, me echaron del orfanato sin desayuno. No quería gastar los pocos centavos que me acompañaban, así que me amarré el estómago y seguí caminando. Pasé por varios puestos solicitando empleo, pero nadie se atrevía a contratarme. Al caer la noche llegué a unos cuartos que ya desde hace unos meses había investigado para poder alquilar alguno y tener un techo en donde dormir, la renta no era muy cara y es que el lugar tampoco era lujoso, pero eso no me importaba, lo único que quería era un futuro digno y estaba segura de que lo iba a conseguir.

Los días pasaron y yo seguía sin empleo, hasta que en alguna ocasión llegué a una tienda departamental y encontré uno de limpia pisos, no me pagaban mucho pero ya no podía seguir un día mas sin trabajo así que acepté.
Todo parecía marchar bien en mi vida, ganaba dinero honradamente y tenia un lugar en donde dormir, además, ¡el gerente de la tienda me pretendía!, me decía cosas muy lindas y me hacía sentir como la mujer más bella del planeta y por si fuera poco quería subirme el sueldo. Conforme el tiempo pasaba, él se acercaba más y más a mí, me acariciaba el cabello, las mejillas y me daba pequeños besos cerca de los labios, tal pareciera que estaba viviendo un cuento de hadas.

Una noche la tienda cerró tarde y me tuve que quedar hasta esa hora para poder terminar de trapear los pisos y limpiar la mercancía. Lauro, el gerente, amablemente se quedó a esperarme, me dijo que no podía permitir que una señorita tan linda caminara por la calle tan noche. Me apresuré a terminar mis deberes para no hacer esperar tanto a mi querido pretendiente. Al finalizar me invitó a cenar a su departamento. Para llegar hasta ahí, me subí a lo más cercano que pudiera parecer una carroza mágica.
-                   - ¡Caray!, que lindo auto tienes, yo nunca me había subido a un carro como este,                    siempre ando de aquí para allá, pero en autobús. – dije.
-                    - Todo lo que es mío puede ser tuyo si tu así lo quieres. – dijo Lauro.

Durante todo el camino mantuvimos una charla casual muy interesante, conocí un poco mas de él, pero yo no me atreví a contarle mi vergonzoso pasado, solamente le dije que era huérfana y que con esfuerzo me mantenía en esta vida. Por supuesto que él quería saber más, pero me mantuve firme y al parecer el entendió que no quería hablar mas sobre el tema, así que cambiamos la platica y seguimos hasta llegar a su departamento, el cual se encontraba en una de las avenidas mas lujosas de la ciudad.

Cuando anduve en busca de trabajo, pasé por ahí solicitando puesto de sirvienta, pero nadie necesitaba de una. Y ahora mírenme, paseándome en el carro de uno de los dueños de esas casotas, entrando como la posible señora de Bustamante, esposa de Lauro Bustamante. Por dentro todo en mi se revolvía, pero contuve mi emoción para que aquel hombre no se diera cuenta de que en gran parte estaba con él por su dinero, no dudé del amor que sentía hacía él, pero era inevitable pensar en la posibilidad de poder salir de la pobreza en la que vivía gracias a un romance con un hombre rico. Así que, si lograba darle hijos, de inmediato me pediría que me casase con él. Todo lo tenía planeado, y hasta este momento todo iba marchando a la perfección.

Cuando entramos al departamento, ¡WOW!, quedé impactada por todos los lujos y comodidades que había, jamás imaginé que un día un hombre con dinero se fijara en mí. Después de cenar, Lauro me enseñó su casa e hizo que la sintiera como si fuera mía también. Me mostró la cocina, el baño, el patio, la hermosa vista y finalmente su habitación, ya se imaginarán que fue lo que sucedió ahí. Ya tenía unas copas de más encima y jamás había ingerido alcohol, por lo que de inmediato me sentí mareada y fue fácil entregarme a Lauro a pesar de haber sido mi primera vez. No fue como lo soñado, pero estaba contenta de haber formalizado con él. Al despertar el día siguiente ya eran las 9 de la mañana, era tardísimo para llegar al trabajo, Lauro al verme preocupada me dijo:
-                    - No temas cariño, que estar con el gerente de la tienda tienes sus ventajas.

Fui ahí cuando me sentí más segura que nunca y sin dudarlo me volví a tender sobre la cama. El primer mes de noviazgo fue maravilloso, aparentemente ambos estábamos enamorados uno del otro, pero en el trabajo el hacía parecer otra cosa; y una vez que nos topamos en almacén no dudé en preguntarle lo siguiente:
-                    - Lauro, ¿Por qué haces como si no me conocieras cuando nos topamos por los                      pasillos  de la tienda?
-                    - No pienses mal cariño, aquí todos son muy metiches y no quiero que te llenen la                 cabeza de fantasías. Tu tranquila que nuestro amor en secreto esta a salvo.

Con esto me quedé un poco mas calmada, tal vez él tenía razón. Además, no quería provocar nuestra primera discusión de pareja, no quería arruinarlo.
Todos los sábado y domingos dormía en su cama. Y al comenzar la semana todo era del trabajo a mi casa y él igual, del trabajo a su casa. Para estar comunicados, me regaló un teléfono celular, nos mensajeábamos casi todo el día, no me gustaba preguntarle en donde estaba cuando tardaba horas en contestarme porque no quería que sintiera que lo estaba vigilando o checando los horarios.

Mi sueño estaba a punto de convertirse en una pesadilla.

Al cabo de dos meses, mi cuerpo estaba experimentado una serie de cambios, tal pareciera que estaba sufriendo de alguna enfermedad. Así que de inmediato fui a checarme con un doctor. Valla sorpresa que me lleve, ¡estoy embarazada!, no sabía cómo decírselo a Lauro, pero estaba convencida que por fin me pediría que viviéramos juntos o nos casáramos por el bien de nuestro hijo. No quería esperara demasiado tiempo para decírselo, así que ese mismo fin de semana, al terminar de cenar en su departamento, le solté de golpe la noticia. La reacción fue muy distinta a la que esperaba.
-                 - ¿Por qué no te cuidaste? – dijo enojado Lauro.
-                - ¿Por qué hacerlo?, somos una pareja adulta y pensé que esto era lo que querías. -                 dije yo un poco desconcertada.
-                    - ¡Eres una tonta Lucero!, has echado a perder todo lo que teníamos.
-                    - ¡Pero que cosas dices Lauro!
-                    -  Lárgate de mi casa, no quiero verte más.
-                     - No me puedes hacer esto, ¡yo te amo y tú a mí!
-                     - Esas son bobadas, yo en ningún momento dije que te amaba, o dime, ¿crees que un           hombre como yo se podría fijar en alguien como tu para tener algo serio? ¡Mañana no          te presentes a trabajar, estas despedida!

Avergonzada y humillada salí corriendo sin mirar atrás. Claro me había quedado que el dinero que me daba para pagar la renta, la ropa, zapatos y celular que me compró solamente era una manera de pagarme por “lo feliz que lo hacía”. También tenía claro que no se iba a hacer responsable de mi bebé, que por si fuera poco me había dejado sin trabajo, sin ganas de vivir.

Varios días estuve tumbada en la cama sin probar bocado, sin empleo, sin nada… De repente todos los malos recuerdos de mi infancia vinieron a mí, lloré por horas, había sido una tonta, confié en quien no debía y se aprovecharon de mí.
Algo ya estaba bien decidido, no quería al bebé. Pero no tenía dinero suficiente para pagar un aborto, y de ninguna manera pondría en riesgo mi vida tomando algún medicamento o remedio casero para abortar. Así que lo mejor era esperar mis nueve meses de embarazo, dejar que el bebé naciera y darlo en adopción.

El periodo de gestación fue el tiempo mas largo de mi vida, además tuve que dejar de trabajar al cumplir los 8 meses. Si no hubiera sido por mi amiga que hice en el viejo empleo de la tienda, Sofía, quien al enterarse de mi romance con Lauro y el desastroso rompimiento que tuvimos, de inmediato me buscó para brindarme su apoyo y cuidarme durante el embarazo, estuviera hundida en depresión, en la calle pidiendo limosna o incluso muerta. Aproveche este momento para estudiar la preparatoria en un sistema abierto y en cuestión de un par de meses ya tenía mi certificado de bachillerato.

El parto fue lo más difícil, jamás había sentido un dolor que se igualara al de ese momento. Pero valió la pena, al tener a mi bebé entre mis brazos me di cuanta de la gran responsabilidad de la que ahora me pertenecía, además, el amor que sentía por ella brotó de la nada y ya no quería separarme más de su frágil cuerpecito. Fue inevitable pensar en mi madre, ella me abandonó y aunque no conozco las razones del porque lo hizo se que no hay ninguna suficiente como para poder justificarla. Quiero a mi niña, y no pienso darle el mismo destino que mi madre me dio a mí. Se que el camino será todavía más difícil pero no pienso detenerme. Lucharé con mi hija en brazos para poder salir adelante juntas.

Ah, y el desgraciado de Lauro nunca más me volvió a buscar, ahora me dice Sofía que carga a un nuevo amor, a una tipa que supuestamente es de su mismo nivel social, hasta creo que se van a casar, pero eso ya no me interesa. Si en un futuro encuentro a un buen hombre que me quiera por lo que soy estaré encantada de aceptarlo en mi vida, no tiene que tener mucho o poco, solo quererme a mí y a mi pequeñita.

Que suerte terminar por lo menos la preparatoria, gracias a eso, hace un par de semanas tuve una entrevista de trabajo para cubrir el puesto de recepcionista. Y ya llevo tiempo laborando en este lugar, seguido mi jefa me felicita por el esfuerzo que hago, dice que si sigo así pronto me subirá de puesto. Que emocionada estoy, tal parece que por fin dejaré de sufrir y la vida me recompensará por todos los malos ratos que pasé. 

Hoy camino por el parque con mi niña, compró un helado y un dulce para ella, después nos vamos a casa, a una que renté en un lugar más decente. Pienso seguir escalando en la vida hasta tener todo lo que sueño para poder darle algo mejor a mi hija, pero por méritos propios, sin colgarme de alguien como una vez lo quise hacer con Lauro.

A esta pequeña parte de mi vida, la llamo felicidad.





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