EL VADO
Cuenta la leyenda, que en un poblado a
las afueras de Iguala vivía una jovencita muy coqueta llamada Laura, ella
estudiaba la preparatoria cuando conoció al que parecía ser el amor de su vida.
Pasaron los primeros meses de noviazgo entre ellos dos, cuando Laura quedó
embarazada. Aquel pueblo era muy ignorante y criticaba a toda aquella mujer que
encargara sin estar casada, por lo que al padre de la muchacha no le quedó de
otra más que casar a su hija, con aquel mendigo que la había embarazado, de
manera presurosa antes de que la panza se le notara o alguien más se enterara
de la gran deshonra. La boda fue una fiesta muy pequeña y sencilla, nada
parecido a lo que alguna vez Laura había presumido, lo que provocó habladurías
y burlas por parte de la gente.
Por las mismas circunstancias ella ya no
pudo terminar sus estudios, y se dedicó por completo a la vida del hogar. De
aquel matrimonio resultó una hermosa niña de piel morena.
Los problemas económicos en casa cada
vez eran más frecuentes y José, el marido de Laura, que provenía de una familia
todavía más humilde no podía hacer gran cosa para solucionarlos. Por lo que cuando
la niña cumplió un año de edad, Laura salió a trabajar a la cuidad de Iguala
quedando deslumbrada por todo aquello que no podía tener por estar casada con
un mediocre. Los meses pasaron y aquella familia se separaba cada vez más hasta
que un día el rompimiento fue definitivo, Laura confesó tener otra pareja,
misma que afirmaba sacarla de la pobreza.
Aquella muchacha regresó a casa de sus
padres con su hija en brazos, suplicando que la dejaran quedarse hasta que su
nueva pareja tuviera todo listo para irse a vivir juntos. Los papas sin más que
poder hacer aceptaron de regreso a su hija y esperaron a que lo prometido se
hiciera verdad.
Lo que nadie sabía era que en esa misma
noche el camino a la muerte comenzaría para Laura. El hombre que tanto presumía
era un soldado que la dejó deslumbrada por tener un coche color negro, mismo en
el que todos los días a toda hora paseaban por el pueblo y por Iguala a toda
velocidad, como si algún loco desconsiderado manejara. Salían de fiesta todas
las noches y se escuchaba como el carro frenaba ferozmente por las calles en la
madrugada. Las semanas pasaron y la pequeña hija de Laura había quedado en el
olvido por parte de su madre, ahora su prioridad era el romance que mantenía en
libertad con aquel mal hombre.
José le suplicó a Laura que dejará la
vida que llevaba y que lo volvieran a intentar por su pequeña hija que tanto
los necesitaba, pero fue inútil, nada la hizo cambiar de opinión. Hasta que una
noche de lluvia tormentosa inundó el vado de aquel poblado, era inevitable
pasar por ahí, la corriente era fuerte y grande. Los carros esperaban del otro
lado pacientemente hasta que pudieran pasar y llegar a salvo a casa, pero fue
un conductor el que no midió las consecuencias. Iban llegando de Iguala Laura y
su pareja en el coche negro a toda velocidad, esperaron un momento antes de
pasar el vado, tal parecía que no lo cruzarían, pero de repente el chofer
aceleró creyendo que pasaría, fue estúpido de su parte pensar eso pues el carro
quedo atascado a la mitad de la corriente mojando el motor y provocando que el
auto ya no pudiera encender; poco a poco el carro se deslizó siguiendo el agua,
misma que llevaba a un barranco, aquella pobre muchacha saco su cabeza por la
ventada para pedir ayuda a los conductores de los demás autos que aguardaban
del otro lado, gritó fuerte para poder ser auxiliada pero nadie se compadeció
de ella. El carro en cuestión de minutos cayó volcándose al barranco. De
inmediato dieron aviso a los padres de la jovencita y este acudió rápidamente,
la noticia corrió ágilmente hasta que todo el pueblo se enteró, muchos asistieron
para ayudar, pero nadie lo hizo hasta que la lluvia bajo. Después de eso, los
hombres bajaron al barranco en busca de Laura y Ramiro, fue hasta la madrugada
que se encontró desnuda y sin vida el cuerpo de aquella pobre mujer y fue hasta
el día siguiente cuando el cuerpo de Ramiro apareció cerca de la desembocadura
de la laguna de Tuxpan. Los policías y bomberos ayudaron a sacar el auto y a
dar fe de la muerte de las dos personas que abordaban en él.
Al amanecer, todos se preguntaban si la
niña también había muerto en el accidente, la abuela de la pequeña aclaró que
estaba bien y segura en casa, dejando esa noticia a todos desconcertados ya que
testigos aseguran haber visto una persona más en la parte trasera del auto y al
verla tranquila ante tan desastrosa situación supusieron que era la hija de
Laura que aún no comprendía el peligro que corría y por eso aguardaba de pie en
el asiento de atrás.
Después entendieron que eso no había
sido otra cosa más que una obra del diablo. Ahora se dice que todas las noches
en ese lugar se escuchan los lamentos de Laura, suplicando que la ayuden,
gritando de dolor y pidiendo a su hija, es por eso que los vecinos encienden
una vela de manera constante para pedir por el descanso de aquella alma en pena
que se niega a morir. También se dice que cada vez que llueve la corriente
crece más de lo normal y se cree que es Laura y Ramiro quienes buscan provocar
la muerte en venganza de todos a aquellos que no la ayudaron cuando lo pidió a
gritos.

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